El capitalismo y el trabajo de la mujer, por V. L. Lenin

El capitalismo y el trabajo de la mujer, por V. L. Lenin

El capitalismo y el trabajo de la mujer, por V. L. Lenin - Contrahegemonias

El capitalismo y el trabajo de la mujer


Por V. I. Lenin


La actual sociedad capitalista oculta en sus entrañas una multitud de ejemplos de miseria y de opresión que no salta de golpe a la vista. Las familias agobiadas de la gente pequeñoburguesa de las ciudades, de artesanos, de obreros, de empleados, de pequeños funcionarios, sufren dificultades indecibles, y en los mejores tiempos apenas si logran ganarse el sustento. Millones de mujeres de tales familias viven (o mejor dicho padecen) una existencia de “esclavas domésticas” que procuran alimentar y vestir a su familia con unos pocos centavos, al precio de cotidianos esfuerzos desesperados y “economizando” en todo salvo en su trabajo.

Entre esas mujeres el capital emplea con gusto sus obreras a domicilio, prontas a “realizar un trabajo complementario” por un salario miserable, a fin de ganar un pedazo de pan para ellas y su familia. También entre esas mujeres los capitalistas de todos los países encuentran (como los propietarios de esclavos de la Antigüedad y los propietarios de siervos de la Edad Media) tantas concubinas como quieran al precio más “accesible”. Y ninguna “indignación moral” (hipócrita en el noventa y nueve por ciento de los casos) contra la prostitución podrá nada contra ese comercio del cuerpo femenino: mientras exista la esclavitud asalariada, la prostitución es inevitable. Todas las clases oprimidas y explotadas de la historia de las sociedades humanas siempre se han visto obligadas (y en ello consiste su explotación) a entregar a sus opresores, primero, su trabajo no pagado y, luego, sus mujeres, de las cuales los “señores” hacían sus concubinas.

En ese sentido la esclavitud, la servidumbre y el capitalismo son idénticos. Sólo se modifica la forma de la explotación; pero la explotación continúa.

En París, “capital del mundo” centro de la civilización, acaba de inaugurarse una exposición de los trabajos de las “obreras explotadas a domicilio”.

Cada objeto expuesto tiene una etiqueta que indica lo que la obrera a domicilio recibe por su fabricación y cuánto puede ganar de tal modo por día y por hora.

¿Y esto qué muestra? Una obrera a domicilio no puede ganar más de 1,25 francos (es decir, 50 kopeks), sea cual fuera el artículo. La inmensa mayoría de los trabajos depara un ingreso infinitamente más bajo. Por ejemplo, las pantallas de lámparas. El pago es de 4 kopeks la docena. O las bolsas de papel: 15 kopeks el millar, o sea, seis kopeks por hora. O juguetes pequeños, con cintas, etc.: 2 1/2 kopeks por hora. O las flores artificiales: de dos a tres kopeks por hora. O la ropa interior de caballero y de dama: de dos a seis kopeks por hora. Etcétera.

Sería útil que nuestras sociedades obreras y nuestros sindicatos organizasen una “exposición” similar. No rendiría los enormes beneficios que obtienen las exposiciones burguesas. Pero una exposición que mostrase los sufrimientos y la miseria de las mujeres proletarias prestaría otros servicios: ayudaría a los obreros asalariados y a las esclavas a comprender su situación, a echar una mirada sobre su “vida”, a reflexionar sobre la forma de liberarse del yugo eterno de la necesidad, de la miseria, de la prostitución y de todos los demás ultrajes de que son objeto los que nada poseen.


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Escrito el 27 de abril (10 de mayo) de 1913. Publicado el 5 de mayo de 1913 en el periódico “Pravda”, núm. 102. Obras Completas de Lenin, Tomo 23, Editorial Progreso, URSS, 1984.

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